Aquel día en el que todo cambió…

Un día, nuestro pensamiento hace un click. De repente, vemos las herramientas educativas que generalmente se utilizan en nuestro entorno con la infancia como acciones abusivas, adultocentristas y, sin ninguna duda, formas sutiles (o quizá no tan sutiles) de maltrato…

Vaya, ¿¡cómo no me había dado cuenta antes!?…

Siento decirte que ya no hay vuelta atrás. Es como si nos hubiéramos quitado una venda, como si nos hubiéramos dejado sentir… y percibiéramos el dolor que hay detrás de los gritos, los insultos, las amenazas, los castigos, los premios, los azotes… Y, por mucho que queramos encajar de nuevo en lo que se ve como normal, ya no es posible. Te has sensibilizado…

Ojalá… ojalá cada vez más personas se sensibilicen con el daño que produce estas conductas y actitudes en nuestros niños y en nuestras niñas.

Tomas una decisión firme: “A partir de ahora, con mis hijos/as o con mi alumnado no quiero relacionarme de esta forma. Me gustaría encontrar otras opciones…” Y en esa búsqueda, llega de mil y una formas una nueva mirada. Y te ilusiona… Y ves que no estás loca/o… O, que si lo estás, hay muchas más personas que viven tu misma locura… Y empiezas a investigar…. Lees libros, ves documentales… quizá haces alguna formación…

Pero lo cierto es que a la hora de la verdad sientes inseguridad. No quieres repetir patrones de abuso hacia la infancia, pero te sientes sin herramientas… Sobre todo, en aquellos momentos en los que las cosas no están yendo como te gustaría…, cuando, de repente, tu peque vive una emoción de manera desbordada o cuando decides poner un límite y tu peque se revela…

Y es que, amiga/o, qué diferente es pensarlo, idearlo, aprenderlo teóricamente… de la realidad que supone gestionar tu revoltijo de emociones y actuar en los momentos más tensos.

En estos momentos, no nos vale la teoría. Nos salen como resortes aquellas formas que tenemos integradas, aquellas herramientas que podemos sostener sin perder nuestro control.

Por eso, es necesario ir a lo profundo… encontrarnos con nuestra/o niña/o interior. ¿Niña/o interior? Sí, aquélla/aquél que vivió una serie de circunstancias, que con la destreza que tenía en aquel momento hizo una interpretación de las mismas y que creó patrones de comportamiento en función de esas interpretaciones que favorecieron su supervivencia… Y, entremedias, dejó mucho por resolver… Muchas vivencias se quedaron en el inconsciente, incomprendidas porque nadie puso palabras sobre ellas. Y, a veces, cuando nos relacionamos con nuestros/as peques no estamos hablando nosotras/os sino esa/e niña/o herida/o que no deja de buscar pertenencia o sentimiento de contribución. Abraza a tu niñ@ interior… Seguramente te reconforte… Abraza a tu peque. Sin duda, es el camino más corto para sanarnos.

Y así es como llegamos a la revolución en nuestra mirada educativa, adentrándonos en una espiral… Un viaje maravilloso lleno de curvas, subidas, bajadas, rasantes y, a veces, vientos fuertes. Y nos damos cuenta de que no es cuestión de llegar a ser expertas/as en crianza respetuosa sino de ser valientes para caminar con determinación y honestidad en nuestro sendero hacia la consciencia y el respeto mutuo en nuestra relación con nuestras/os peques o nuestro alumnado.

Te honro. Es un camino profundo, en el que a veces se atraviesan sombras, en el que los momentos de conexión se viven como un regalo y en el que, a veces, las fuerzas flaquean y te gustaría volver al camino fácil de los premios y los castigos (pero su sonrisa te ayuda a volver al sendero).

Gracias por tu valentía. Gracias por descubrir esta mirada. Gracias por ser gota en esta ola de crianza respetuosa. Gracias por proteger a la infancia. Gracias por revolucionar tu crianza.

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